Pedro Pablo Kuckzynski:
"Estar en otro sitio"
Vivimos en un mundo móvil. El internet, las redes sociales, el Facebook, Twitter, Google, etc., están cambiando el mundo de la información. Nos permiten recibir información instantánea, directa y muchas veces sin intermediarios. Resaltaría tres características de este tráfico:
El tener acceso a información sin que pase por un filtro -como un canal de televisión, un periódico, una radio-tiene la ventaja de ser totalmente directa, pero tiene a su vez el defecto precisamente de que nadie está evaluando la calidad de la información, la cual puede ser emotiva o equivocada. Al final la verdad se impone, pero a veces puede tomar mucho tiempo.
Hay una gran parte de la población que está excluida del tráfico de las redes, sobre todo los más pobres y los menos educados.
En el Perú, por ejemplo, la penetración de las redes es alrededor de 25%, o sea que tenemos todavía mucho camino que recorrer. Si bien tenemos 28 millones de celulares, casi tantos como habitantes, la verdad es que muchos tienen 2 o 3 aparatos y hay todavía millones que no están comunicados. La banca electrónica, por mensaje de texto, la que facilitaría el progreso financiero, la formalización y facilitaría inmensamente los pagos, está todavía muy lejos de estar al alcance de todos en el Perú.
La universalización de la cultura y de la información tiene muchas ventajas -sobre todo información instantánea de todo el mundo en "tiempo real"- y muchos defectos -la pérdida de individualidad, la uniformización cultural, y a menudo la carencia de análisis.
Pero lo que más llama la atención de esta nueva era electrónica es la idea de que uno puede estar en un sitio, pero al mismo tiempo no estar allí. Los instrumentos más populares de este don de ubicuidad son los teléfonos celulares y los llamados "blackberries" e "i-phones". Uno está en una reunión de trabajo de unas cuantas personas y suena un teléfono con una musiquita y luego otro: se interrumpe la discusión, hay que recapitular, volver a empezar, y al final se pierde mucho tiempo. Y el "blackberry" es otra distracción más: uno puede estar conversando con alguien, pero este fulano o fulana está texteando mensajes, y en realidad está en otro sitio. No está realmente en la conversación.
Este mundo comunicado paradójicamente parece un mundo aislado. Enviar mensajes de texto y "twitters" puede ser transitoriamente satisfactorio, pero al no ver la reacción de la otra persona, uno no sabe realmente qué piensa. Dialogar en una pantalla es un gran avance tecnológico, pero no es lo mismo que cara a cara. Ver un paisaje físicamente es mucho más que verlo en una película.
El hombre siempre ha querido estar en otro sitio, para saber qué es lo que está detrás del valle, más allá del océano, en los astros. Es un instinto natural. Pero ahora los enormes avances tecnológicos han hecho que muchos beneficiarios se sientan más aislados que en una era más simple en el pasado, en la cual los contactos eran más limitados pero muchos más directos. De lo que podemos estar seguros es que los avances tecnológicos se acelerarán aún más, y que la evolución de la comunicación recién empieza.
Fuente Diario Correo
Domingo 6 de mayo 2012

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